Felicidades

Felicidades por cumplir un año mas y aparentar alguno menos.

Por llegar al tren a tiempo, por elegir ese vagon y no otro.

Felicidades por conocerte, por respetarte, por quererte, por ser tú.

Felicidades por sonreir cada vez que te miras al espejo.

Felicidades por ser fuerte, por bailar bajo la lluvia y disfrutar de la tormenta.

Felicidades, porque te lo mereces, porque va a ser así, porque llegará.

Felicidades, has ganado un viaje por tu vida. Disfrútalo.

Nina

Quiero

Quiero encender la luz y que todo esté ordenado. Que la migas de pan estén donde tengan que estar, que el mantel siga doblado en el cajón.

Cuando abra la ventana, quiero que la luz lo inunde todo, que la brisa entre fresca y se lleve las ausencias.

Quiero que te laves las manos antes de tocar el piano. Que sea la melodía de tu risa la que acompañe mi baile.

Quiero querer, quiero que quieras, y quiero que juegues con las sombras sin dejar de mirarme.

Quiero verdades, quiero sonrisas, quiero miradas, quiero palabras y quiero…

Nina

Cuentas

Tiempo tranquilo tras la tormenta. Tarde temprana, tal vez, quizás.

Enciendes la luz, escapas del sueño, y cuentas : un, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, y ocho

Pierdes el norte, pisas fuerte, prendes la llama y saltas.

Sueltas y vuelas, sigues y avanzas. Sientes… sí….sientes.

Las luces te guían, limpias tus heridas. Lento, muy lento.

Encuentras la paz, encuentras tu casa. Empiezas.

Nina

Cuaderno

La misma sensación que tenía de pequeña, cuando me compraban un cuaderno nuevo, y lo miraba, a punto de estrenar. Emocionada viendo su cubierta, sus páginas blancas, o sus cuadrículas, listas para recibir la caligrafía de una niña que escribe sus sueños.

Esa misma sensación de querer hacerlo bien, enlazando una letra tras otra, una palabra con otra, una melodía de frases, una historia, un sueño.

Nina

La chica del sombrero

La veía cada día.

El primer día se fijó en ella porque al llegar, después de saludar con una sonrisa, sacó un sombrero y se cubrió con él.

Era la única de todos los que estaban allí que llevaba sombrero.

Al siguiente día la vio llegar con el sombrero puesto y empezó a imaginar qué hacía allí.

Iba sola, no hablaba con nadie, miraba por la ventana, con la mirada perdida en el horizonte.

Al tercer día, después de observarla, decidió seguirla sin ninguna intención más que construir una historia acerca de ella.

Cuando llegó a la orilla, vio claramente cómo sonreía. Quiso saber qué provocaba su sonrisa, y tras unos minutos entendió que el motivo de la sonrisa era simplemente estar allí.

En ese punto, sonrió también.

Nina.

Una lista

Despertarte y que no importe qué hora es.

El olor a café, aunque no te guste beberlo.

El ruido de la lluvia.

El mar, siempre el mar.

Esa sonrisa. Sí, esa misma.

Una llamada inesperada de alguien de quien te has acordado hace unas horas.

Un masaje en los pies.

El mar, otra vez el mar.

Dar un abrazo de verdad.

Recibir un abrazo de verdad.

El calor del sol sobre la piel.

El olor a pan recién horneado.

Una carcajada. Una gran carcajada.

Mirarte a los ojos.

Una caricia.

Volver al mismo lugar y que nada sea igual, ni siquiera tú.

Nina.

Puntuación

No empezaste a escribir aquella historia como se supone que se empiezan las historias: con una mayúscula.

Empezaste con unos puntos suspensivos, esos mismos puntos que dan pie a imaginar, que no cierran puertas.

Seguiste tu relato con alguna coma, porque ibas sumando y mejorando. Y aunque la caligrafía estaba cuidada, olvidaste algun acento. Precisamente en palabras importantes, incluso en alguna entrecomillada.

Olvidaste cerrar algún paréntesis y se cayó algún punto de exclamación. Pero lo que más me llamó la atención fue que la historia no tenía punto y aparte ni punto final.

Nina