Luz

Veo tu luz por debajo de la puerta y coloreo el pasillo con los tonos del arco iris. La brújula señala tu camino y te espero a la llegada, en silencio, respirando, escuchando y feliz.

Te acabas de parar. Me miras, te miro. ¿Cómo puedes brillar tanto? Iluminas mi cara, iluminas la habitación y lo inundas todo con tu luz blanca. No puedo dejar de mirarte, nos buscamos, nos encontramos, te espero al final del pasillo, me avisas antes de llegar enviándome un rayo de luz por debajo de la puerta., y te doy la bienvenida con colores de arco iris.

Norte

Subió al barco que la llevaría al horizonte. Ajustó las velas y sopló al viento para cambiar el rumbo. La brújula indicaba el norte, pero sentía que navegaba hacia otra dirección. Miró al cielo y haciéndole sombra a la luna cerró los ojos y escuchó el sonido del mar. Las olas hablaban, en susurros, el aire era fresco y húmedo, y la brújula seguía indicando el norte.

Gracias

Me encanta mirarte, me encanta tu ilusión, me encanta tu risa, me encanta tu inocencia, tu curiosidad, tu pureza, tu generosidad, tu bondad, y me encanta tu amor incondicional. Estando contigo estoy presente, estoy aquí.

Me has enseñado las propiedades de la plastilina: puede ser una pizza o puede ser una mascarilla para la cara. He aprendido que cada sirena suena de una forma diferente y que hay preguntas que no tienen respuesta. Has dejado huellas imborrables en mi alma, y otras que tendré que borrar en los cristales. Has traído una banda sonora de risas y carreras, y has sido un guía en la excursión por casa.

Gracias por tu risa, gracias por tu energía, gracias por tu insistencia, gracias por ser grande y valiente, gracias por bautizarme con un nombre y apellido que solo tú puedes decir… gracias por existir.

Diciembre 2020

Para ti

Te recuerdo. Cada día, en algún momento, te recuerdo. Es imposible no hacerlo. Fuiste parte indispensable en mi vida, en nuestras vidas. Hay aromas que no encontraré en ningún otro lugar, en ningún otro hogar… a ropa recien planchada y doblada en la cocina, a sábanas limpias, a colonia fresca, a comida de verdad, a comida hecha con mucho, mucho amor…

Inventabas nombres y palabras, y los mantenías porque sabías que nos gustaba escucharte. ¡Si supieras ahora que fuiste la inventora de la resiliencia!, no recuerdo verte enfadada y sabías darle la vuelta a cualquier circunstancia por más difícil que fuera. Construiste una casita para mis gusanos de seda, y nos dejabas hacer cabañas y ganarte al parchís. Los mejores bocadillos de mi vida los preparaste tú, y cocinar en tiempo récord lo que más nos apeteciera, era una de tus especialidades. Competías por ser la primera en felicitarme por mi cumpleaños, y ganabas cada año. Eras capaz de saber cuando no estaba bien con sólo mirarme. Nos amabas por encima de todo, y siento que no supe darte las gracias cuando tocaba.

Gracias por haber sido una persona buena, cariñosa, generosa. Gracias por haberme enseñado tanto, gracias por haberme permitido ser tu nieta. Y sobre todo, gracias por haber sido mi abuela.

Diciembre 2020

Te veo

Tenemos una cita. No me has dicho dónde, no me has dicho a qué hora, pero hoy tenemos una cita. Me he despertado con una canción sonando en mi cabeza. A decir verdad, la canción sonando en mi cabeza es la que me ha despertado, y me ha acompañado durante todo el día.

Se acerca la hora. Aunque no me hayas precisado en qué momento nos veremos, sospecho que será en un rato. El juego de buscarte me parece una gran idea. Voy a seguir mi instinto. Voy a conectarme contigo, así seguro que te encuentro. Doy un par de vueltas, y como por arte de magia, la canción que sonaba en mi cabeza de repente suena en la radio del coche. Es una señal, estoy en el camino correcto. Sonrío. Voy a encontrarme contigo y estoy emocionada.

Paro el coche. ¿Es aquí? Cierro los ojos, y siento que sí, que este es el lugar donde vamos a encontrarnos. Miro a mi alrededor, estás cerca, lo sé. Giro la cabeza, levanto la mirada y… TE VEO.

Estás aquí. Estamos aquí.

P.D. Por cierto, el jersey de rayas te sienta muy bien.

Cine

Lucía salió de casa, como cada mañana, para ir al parque a dar de comer a las palomas. No fallaba ni un día desde que Emilio se marchó, y de eso hacía ya un tiempo. Mientras caminaba lentamente, le llamó la atención la manga de una chaqueta que sobresalía de una papelera. Se acercó y sacó la prenda. Era un chaquetón azul, estaba en buen estado, sólo un poco arrugado. Lo tomó y se lo llevó. Mientras estaba sentada en el banco del parque, examinó el chaquetón con atención. Tenía todos los botones, y el forro estaba un poco gastado, pero seguro que lo podría aprovechar después de limpiarlo. Metió la mano en un bolsillo y encontró un papelito. Era una entrada de cine. Apenas se leía el nombre de la película o la fecha. Lo que sí que se veía perfectamente era la butaca: fila 11, asiento 20.

Recordó el primer día que fue al cine con Emilio. Él la había ido a buscar al salir de la fábrica, le había llevado una margarita. Era su primera cita oficial. Recordó esa cita. Recordó el primer roce de manos en la penumbra del cine, el beso en la mejilla al llegar a la puerta de su casa y el rubor de sus mejillas cuando ella le devolvió el beso.

Recordó las risas a la orilla del río, los paseos a la luz de la luna, las historias interminables que se explicaban mientras miraban las puestas de sol desde la colina. Los sueños que dibujaban mirando el cielo, la vida que construyeron juntos con ilusión, con amor… Lucía recordó todo eso aquella mañana en el banco del parque. Una lágrima resbalaba por su mejilla, pero no era una lágrima de tristeza. Se sentía feliz por haber vivido una vida con Emilio, se sintió feliz por haber encontrado la entrada del cine y haber visto la película de su vida sentada en el asiento 20 de la fila 11.

Reencuentro

Me acerco lentamente, tímidamente. Quiero grabar en mi memoria el preciso instante en que nuestras miradas se crucen. Camino hacia ti y te acercas a mí. Me acaricias los pies, cierro los ojos y siento paz. Estoy en casa.

Seguimos jugando un rato, te acercas y te alejas. Me pierdo en el azul de tus ojos, que ahora es verde y luego gris. Y me dejo llevar. Me abrigas con tu abrazo y escucho tus susurros que se mezclan con silencios. Estabas esperándome y yo sabía que te encontraría.

Sabía que estarías ahí.

Septiembre 2020.

Mi lugar

Aprendiendo de ti. Muda al verte vacía. Triste por no poder darte consuelo. Te vas a levantar, volverá el ruido, volverá la vida. Los colores y los olores se pierden por tus calles desiertas, encontrando los rincones que siempre estuvieron allí, y que ahora están descubiertos. Ees un lienzo en blanco esperando el pincel que vuelva a pintar. Eres la partitura que espera la batuta para iniciar la sinfonía de la vida. Eres mi lugar.

Sin darte cuenta

Sin darte cuenta, es la hora de volver a casa después del trabajo y sin darte cuenta has llegado a casa, pero no recuerdas por dónde has pasado, ni con quién te has cruzado.

Sin darte cuenta ha pasado otro día, y sin apenas darte cuenta la noche araña minutos al día, y el punto por el que se esconde el sol ya no es el mismo que hace unas semanas.

Sí, porque sin darte cuenta, han pasado ya semanas, y sin darte cuenta casi ha pasado el verano.

Sin darte cuenta, los girasoles se han girado para mirarte y para llamar tu atención. ¿Cómo puedes haber pasado delante de ellos sin verlos?

Entonces, sin darte cuenta te das cuenta de que no puede ser y paras. Te detienes. Levantas la mirada y respiras profundamente. Ni siquiera te habías dado cuenta de que sigues respirando. Decides lo que vas a hacer a partir de ahora, porque no puedes dejar pasar tanta belleza; no puedes dejar pasar los minutos sin mas; no puedes dejar pasar tanto y no darte cuenta. No puedes dejar que la vida siga sin darte cuenta.

Abres los ojos, respiras, sonríes y vas a por ello, dándote cuenta de todo.

Reloj

Un pitido agudo hizo que Laura se despertara y volviera a la realidad de su habitación, de su cama. Era el despertador. Hacía tantos meses que no lo había utilizado, que apenas recordaba el sonido de la alarma. Se levantó sobresaltada y empezó su rutina matutina: desayuno, ducha… Iba con prisa, y se movía de manera automática por la casa, diciéndose a sí misma una vez más que debía dejar la ropa preparada por la noche para evitar el momento del “¿qué me pongo hoy?”

Una vez estuvo lista para salir miró el reloj de la cocina y vio de que era demasiado pronto. Le sobraba más de media hora. Se puso a reir. Sin haberse dado cuenta, el hecho de despertarse con la alarma le había hecho pensar que era tarde, pero la alarma sonó a la misma hora que ella solía despertarse. Lo que pasaba era que su reloj interno ya no necesitaba de ese pitido para dar la bienvenida al nuevo día. Su reloj interno era muy astuto.