Temprano

Me he despertado demasiado temprano. ¿Demasiado temprano para qué? ¿Demasiado temprano para quién? Es la hora en que no hay ruido salvo el de la naturaleza que se despierta. Las olas apenas avanzan en un mar que parece plata, un mar que no acaba en el horizonte. El mismo mar del que nacerá el día, del que nacerá el sol.

No es demasiado temprano. Es la hora en la que surgen luces y colores que no existen en otro momento del día ni de la noche. Es la hora en que el silencio conecta con mi ruido interior y lo calla. Lo calla porque lo escucha, lo mima, lo cuida y lo entiende. Es la hora en que cierro los ojos y huelo el aroma puro del aire y de la brisa, y despierto.

Respiro, cada vez más profundo, cada vez más consciente, y la calma es mi compañera, mi cómplice, mi amiga. Me he despertado temprano para encontrarme con esta sinfonía de colores, olores, aromas… Me he despertado temprano porque tenía una cita… conmigo.

Julio 2021

Rojo

Rojo no es un color. Rojo es un lugar, es un mundo. Es un lugar donde a veces se escucha música, y otras veces se escucha cantar. Rojo es un lugar donde se siente la brisa del mar, donde a veces las gotas de lluvia caen y se deslizan por algún cristal.

Rojo es un lugar en el que inventar historias y juegos, un lugar donde jugar. Es un lugar en el que puedes viajar, soñar, reir y también llorar. En Rojo te despeinas, cierras los ojos y te dejas llevar. Rojo tiene varias puertas por las que entrar, salir, llegar o partir. Rojo guarda cuentos y leyendas, Rojo guarda secretos, Rojo es una historia, es un principio y es un final.

Rojo es libertad, es perderse y encontrarse. Rojo es subir y es bajar, es correr y es parar. En Rojo eres tú y solo tú. Rojo tiene marcas y arrugas y Rojo guarda caricias. Rojo siempre será un bonito lugar al que volver y agradecer.

F.

Llovía, llovía mucho. Era abril, era lluvia de abril. Esa lluvia que no cesa, esa lluvia que a ratos es intensa y a ratos acaricia. Me bajé del coche diciéndote algo parecido a “anda ya”. Si hubiese sabido que aquella noche era la última que te veía… Ni tú ni yo lo sospechábamos, era imposible imaginar que a los dos días de bajarme del coche, un día de abril, un día como hoy, te irías.

Llovía tanto que la lluvia se volvió nieve. Sí, era abril, y la nieve caía delante de mí, apoyada en una pared, la pared que me separaba de ti. Pero tú ya no estabas, ya te habías ido. Y seguía nevando. Eras demasiado joven, demasiado bueno, demasiado amigo, si es que de eso se puede ser demasiado.

Me conocías tan bien… no teníamos contador de minutos para saber el tiempo que pasábamos hablando por teléfono ( entonces el teléfono estaba atado a un cable) pero recuerdo que algunos días la merienda se juntaba con la cena. Y nos daba igual. Y teníamos nuestro código, nuestras reglas, nuestro lenguaje. Si una de tus misones en la vida fue ser mi amigo, la cumpliste con creces, y te doy las gracias por haber estado conmigo durante unos años de tu corta vida.

Cada mes de abril, cuando llueve y la lluvia se vueleve nieve, pienso que andas por aquí, cerca de mí.

Gracias F.

Una curva

Cada vez que tomaba ese camino se paraba en la misma curva. La primera que vez se detuvo en aquel lugar lo hizo para tomar aire, sin apreciar demasiado el paisaje ni aquello que le rodeaba. La segunda vez que recorrió aquel camino, fue consciente de esa curva, de la magia que envolvía ese sitio y se paró de nuevo. Puso a trabajar todos los sentidos, observando cada detalle, tomado aire, una vez más, antes de seguir el camino. Y las siguientes veces el destino dejó de tener importancia. Lo verdaderamente importante era llegar a esa curva, recorrerla arriba y abajo, mirar a izquierda y derecha, escuchar, respirar, y entender que sin esa curva, su viaje dejaba de tener sentido.

Marzo 2021

Luz

Veo tu luz por debajo de la puerta y coloreo el pasillo con los tonos del arco iris. La brújula señala tu camino y te espero a la llegada, en silencio, respirando, escuchando y feliz.

Te acabas de parar. Me miras, te miro. ¿Cómo puedes brillar tanto? Iluminas mi cara, iluminas la habitación y lo inundas todo con tu luz blanca. No puedo dejar de mirarte, nos buscamos, nos encontramos, te espero al final del pasillo, me avisas antes de llegar enviándome un rayo de luz por debajo de la puerta., y te doy la bienvenida con colores de arco iris.

Norte

Subió al barco que la llevaría al horizonte. Ajustó las velas y sopló al viento para cambiar el rumbo. La brújula indicaba el norte, pero sentía que navegaba hacia otra dirección. Miró al cielo y haciéndole sombra a la luna cerró los ojos y escuchó el sonido del mar. Las olas hablaban, en susurros, el aire era fresco y húmedo, y la brújula seguía indicando el norte.

Gracias

Me encanta mirarte, me encanta tu ilusión, me encanta tu risa, me encanta tu inocencia, tu curiosidad, tu pureza, tu generosidad, tu bondad, y me encanta tu amor incondicional. Estando contigo estoy presente, estoy aquí.

Me has enseñado las propiedades de la plastilina: puede ser una pizza o puede ser una mascarilla para la cara. He aprendido que cada sirena suena de una forma diferente y que hay preguntas que no tienen respuesta. Has dejado huellas imborrables en mi alma, y otras que tendré que borrar en los cristales. Has traído una banda sonora de risas y carreras, y has sido un guía en la excursión por casa.

Gracias por tu risa, gracias por tu energía, gracias por tu insistencia, gracias por ser grande y valiente, gracias por bautizarme con un nombre y apellido que solo tú puedes decir… gracias por existir.

Diciembre 2020

Para ti

Te recuerdo. Cada día, en algún momento, te recuerdo. Es imposible no hacerlo. Fuiste parte indispensable en mi vida, en nuestras vidas. Hay aromas que no encontraré en ningún otro lugar, en ningún otro hogar… a ropa recien planchada y doblada en la cocina, a sábanas limpias, a colonia fresca, a comida de verdad, a comida hecha con mucho, mucho amor…

Inventabas nombres y palabras, y los mantenías porque sabías que nos gustaba escucharte. ¡Si supieras ahora que fuiste la inventora de la resiliencia!, no recuerdo verte enfadada y sabías darle la vuelta a cualquier circunstancia por más difícil que fuera. Construiste una casita para mis gusanos de seda, y nos dejabas hacer cabañas y ganarte al parchís. Los mejores bocadillos de mi vida los preparaste tú, y cocinar en tiempo récord lo que más nos apeteciera, era una de tus especialidades. Competías por ser la primera en felicitarme por mi cumpleaños, y ganabas cada año. Eras capaz de saber cuando no estaba bien con sólo mirarme. Nos amabas por encima de todo, y siento que no supe darte las gracias cuando tocaba.

Gracias por haber sido una persona buena, cariñosa, generosa. Gracias por haberme enseñado tanto, gracias por haberme permitido ser tu nieta. Y sobre todo, gracias por haber sido mi abuela.

Diciembre 2020

Te veo

Tenemos una cita. No me has dicho dónde, no me has dicho a qué hora, pero hoy tenemos una cita. Me he despertado con una canción sonando en mi cabeza. A decir verdad, la canción sonando en mi cabeza es la que me ha despertado, y me ha acompañado durante todo el día.

Se acerca la hora. Aunque no me hayas precisado en qué momento nos veremos, sospecho que será en un rato. El juego de buscarte me parece una gran idea. Voy a seguir mi instinto. Voy a conectarme contigo, así seguro que te encuentro. Doy un par de vueltas, y como por arte de magia, la canción que sonaba en mi cabeza de repente suena en la radio del coche. Es una señal, estoy en el camino correcto. Sonrío. Voy a encontrarme contigo y estoy emocionada.

Paro el coche. ¿Es aquí? Cierro los ojos, y siento que sí, que este es el lugar donde vamos a encontrarnos. Miro a mi alrededor, estás cerca, lo sé. Giro la cabeza, levanto la mirada y… TE VEO.

Estás aquí. Estamos aquí.

P.D. Por cierto, el jersey de rayas te sienta muy bien.

Cine

Lucía salió de casa, como cada mañana, para ir al parque a dar de comer a las palomas. No fallaba ni un día desde que Emilio se marchó, y de eso hacía ya un tiempo. Mientras caminaba lentamente, le llamó la atención la manga de una chaqueta que sobresalía de una papelera. Se acercó y sacó la prenda. Era un chaquetón azul, estaba en buen estado, sólo un poco arrugado. Lo tomó y se lo llevó. Mientras estaba sentada en el banco del parque, examinó el chaquetón con atención. Tenía todos los botones, y el forro estaba un poco gastado, pero seguro que lo podría aprovechar después de limpiarlo. Metió la mano en un bolsillo y encontró un papelito. Era una entrada de cine. Apenas se leía el nombre de la película o la fecha. Lo que sí que se veía perfectamente era la butaca: fila 11, asiento 20.

Recordó el primer día que fue al cine con Emilio. Él la había ido a buscar al salir de la fábrica, le había llevado una margarita. Era su primera cita oficial. Recordó esa cita. Recordó el primer roce de manos en la penumbra del cine, el beso en la mejilla al llegar a la puerta de su casa y el rubor de sus mejillas cuando ella le devolvió el beso.

Recordó las risas a la orilla del río, los paseos a la luz de la luna, las historias interminables que se explicaban mientras miraban las puestas de sol desde la colina. Los sueños que dibujaban mirando el cielo, la vida que construyeron juntos con ilusión, con amor… Lucía recordó todo eso aquella mañana en el banco del parque. Una lágrima resbalaba por su mejilla, pero no era una lágrima de tristeza. Se sentía feliz por haber vivido una vida con Emilio, se sintió feliz por haber encontrado la entrada del cine y haber visto la película de su vida sentada en el asiento 20 de la fila 11.